lunes, 22 de junio de 2009

texto central

Eran las 12 en punto y en calle Condell no pasaba nada. Observaba los alrededores del Edificio Consistorial y, además del escaso tráfico de una mañana de sábado, sólo unas rejas verdes, una moto patrulla de Carabineros y la mirada atenta del uniformado que la montaba resaltaban en el cuadro. Mi contacto no podía estar del todo equivocado.

12:10 y aún sin novedad. La impaciencia empezaba a hacer estragos en mi confianza de encontrar algo esa mañana de abril, pero el constante ir y venir de furgones de carabineros lograban contener mi ansiedad. En eso, una llamada a un celular ajeno captó mi atención: “Estoy al frente de la municipalidad… ¿están en la Plaza Victoria?... OK, voy para allá”. Mi oído, curioso y desvergonzado, no mentía. El punto de encuentro tenía que ser allá.

Caminando raudo en medio del gentío llegué donde mi víctima de espionaje callejero se dirigía. Mi contacto me había informado que los profesores de Valparaíso harían un cacerolazo frente a la Municipalidad de Valparaíso como medida de presión al alcalde, Jorge Castro, para el pago del bono de Subvención Especial Adicional (SAE). Las ollas, pailas y cucharas que veía en manos de un grupo cercano a las 100 personas que se movían por la calle lo confirmaban: estaba en lo cierto.


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